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Nutrientes, Patologías, Terapia de dieta

Los factores nutricionales clave en la ERC.


miércoles 12 febrero 2025


Los factores nutricionales clave en la ERC

La enfermedad renal crónica en el perro y en el gato es una patología irreversible y progresiva, caracterizada por anomalías estructurales y/o funcionales de uno o de ambos riñones, presentes durante al menos 3 meses. La pérdida de la funcionalidad renal conduce al desarrollo de signos clínicos que evidencian la disminuida capacidad de los riñones para desempeñar las funciones normales de regulación y excreción

En el artículo "Proteínas y enfermedad renal crónica: un desafío para el nutricionista" abordamos de manera más profunda la enfermedad renal crónica y el papel de las proteínas en la dieta de los pacientes que la padecen.

En este artículo, sin embargo, deseamos tratar también otras recomendaciones dietéticas a tener en cuenta al elaborar una dieta renal y, al final, incluimos una tabla resumen con las indicaciones proporcionadas por el libro Small Animal Clinical Nutrition sobre los factores nutricionales clave a implementar en la ERC.

AGUA
La ingesta adecuada de agua es fundamental para limitar la deshidratación típica de la enfermedad renal crónica. Estimular al animal a beber, favorecer una alimentación húmeda y añadir agua o caldo al alimento son estrategias útiles para incrementar la ingesta diaria de agua. Por ejemplo, en el gato, algunos autores sugieren utilizar bebederos con agua fresca para incentivar al animal a beber más.

ENERGÍA
El cálculo de las necesidades energéticas del animal debe ser el punto de partida para crear un plan nutricional. El animal debe recibir el aporte energético adecuado para prevenir el catabolismo de las proteínas endógenas y contrarrestar la caquexia. Según el peso y el estado corporal (BCS) del animal, el veterinario debe decidir si es necesario aplicar factores de corrección al cálculo de las necesidades diarias. Estos son generalmente factores multiplicadores que, en función de la situación del paciente, varían de 1,1 a 1,6, y tienen como objetivo aumentar la ingesta diaria de energía.

LÍPIDOS
Los lípidos en los pacientes con ERC desempeñan un papel importante, ya que al aumentar la densidad energética de la ración permiten disminuir el volumen ingerido, la distensión gástrica y, en consecuencia, los síntomas de náusea y vómito. Además, especialmente aquellos de origen animal, incrementan la palatabilidad de la dieta, favoreciendo su consumo.

Entre los ácidos grasos a incorporar en la dieta se recomienda incluir también EPA y DHA (prefiriéndose el primero) por su acción protectora sobre los riñones y sus efectos beneficiosos para contrarrestar la inflamación, la hipertensión y la oxidación presentes en el organismo de pacientes con ERC.

Para profundizar en el papel de EPA y DHA en la enfermedad renal crónica, les remitimos al siguiente artículo: "EPA y DHA: los posibles beneficios en el curso de enfermedades - Parte II".

Su contenido debería oscilar entre el 0,4 y el 2,5 % en materia seca de la dieta, tanto en el perro como en el gato, con una proporción omega 6/omega 3 comprendida entre 7:1 y 1:1.

Entre los aceites vegetales, algunos nutricionistas prefieren el aceite de germen de trigo, ya que, además de aportar ácidos grasos esenciales, presenta un elevado contenido de vitamina E, la cual, como veremos más adelante, figura entre los nutrientes clave en la ERC.

CARBOHIDRATOS
Los carbohidratos se incorporan en la dieta como fuente energética alternativa a las proteínas y a las grasas. Su utilización es más frecuente en el perro que en el gato, debido a la mayor capacidad digestiva del perro. No obstante, se deben elegir fuentes de carbohidratos que no aporten proteínas, ya que estas, al tener un bajo valor biológico, pueden incrementar la producción de residuos nitrogenados en el organismo, los cuales un animal con ERC no es capaz de eliminar eficazmente.

FIBRAS
En pacientes con patología renal se recomienda favorecer el uso de fibras solubles, debido a su papel "prebiótico" y su acción sobre la flora bacteriana intestinal. En humanos y en ratas se ha demostrado que la ingesta de este tipo de fibra reduce la concentración de urea en sangre. Sin embargo, aún carecemos de estudios específicos en perros y gatos.

Una parte, aunque mínima, de la urea derivada del catabolismo azotado (por ejemplo, la procedente de proteínas no digeridas, de las células en desintegración de la mucosa intestinal o aquella que se difunde desde la sangre a través de la pared intestinal) en lugar de excretarse por vía renal, se distribuye por el tracto digestivo. En el intestino grueso, esta urea es degradada por enzimas bacterianas que la convierten en amoníaco, el cual es posteriormente reabsorbido para retornar al hígado. La fibra fermentable, al proporcionar energía a las bacterias intestinales, favorece la fijación del nitrógeno en forma de proteína bacteriana y, en consecuencia, reduce la cantidad de amoníaco reabsorbido a nivel intestinal.

El uso general de fibra es importante para el bienestar intestinal y del microbiota; sin embargo, la cantidad total de fibra en las dietas renales no debería ser excesivamente alta, ya que puede disminuir tanto la palatabilidad como la densidad calórica de la ración, y si se utiliza en exceso, puede interferir con la absorción de otros nutrientes, tales como minerales y vitaminas.

MINERALES
Como se mencionó en el artículo anterior, el primer mineral a considerar al elaborar una dieta para animales con ERC es el fósforo.

Con frecuencia, los animales afectados por esta patología presentan hiperfosfatemia, y el nivel de fósforo en sangre tiende a aumentar conforme progresa la enfermedad. Algunos estudios han demostrado que la retención de fósforo y el hiperparatiroidismo son algunas de las principales causas de la progresión de la enfermedad renal.

Por ello, es opinión generalizada que lo primero a limitar en la dieta de un paciente renal es, precisamente, el fósforo.

Su cantidad en la dieta debe oscilar entre el 0,2 y el 0,5 % en materia seca para el perro y entre el 0,3 y el 0,6 % para el gato, procurando que la mayor parte provenga de fuentes orgánicas y no del fósforo inorgánico, típicamente presente en los suplementos. Esto se debe a que estudios han evidenciado que niveles elevados de fósforo inorgánico pueden impactar negativamente en la funcionalidad renal.

Además de restringir el fósforo, en la dieta "renal" se debe controlar la ingesta de sodio. La disminución del número de nefronas funcionales reduce la capacidad del riñón para excretar este mineral por la orina, lo que puede provocar su acumulación en el organismo. Aunque en medicina veterinaria no existen estudios concluyentes que demuestren que la reducción del sodio disminuya la presión arterial, es aconsejable evitar su exceso para no favorecer la hipertensión.

Las guías recomiendan mantener el contenido de sodio por debajo del 0,3 % en materia seca en las dietas para perros con ERC y por debajo del 0,4 % en las dietas para gatos.

Otro mineral a monitorear es el potasio. Los animales con enfermedad renal crónica pueden presentar hipopotasemia (especialmente en gatos) o hiperpotasemia (más común en perros). Por ello, el porcentaje de potasio a incorporar en la dieta debe evaluarse caso por caso, basándose en los análisis sanguíneos y controlarse a lo largo del tiempo.

En términos generales, el rango de potasio sugerido para los alimentos destinados a perros con ERC es de entre el 0,4 y el 0,8 % en materia seca, mientras que para los gatos se sitúa entre el 0,7 y el 1,2 %, siempre en materia seca.

En gatos con hipopotasemia, en los cuales la dieta por sí sola no logra normalizar los valores sanguíneos, se puede considerar la suplementación oral con citrato de potasio o gluconato de potasio. En caso de hiperpotasemia, se debe aplicar una restricción dietética, en ocasiones reduciendo el contenido incluso por debajo de los rangos sugeridos anteriormente.

VITAMINAS
Las primeras vitaminas a considerar al elaborar un plan nutricional "renal" son la vitamina E y la vitamina C, debido a su acción antioxidante.

Los ROS son ejemplos de radicales libres que se producen normalmente a niveles bajos durante el metabolismo aeróbico en el riñón y, en condiciones normales, son contrarrestados por los mecanismos de defensa antioxidante del organismo. Sin embargo, en el contexto de la patología renal, la producción de ROS supera la capacidad de defensa, originando lo que se denomina "estrés oxidativo renal". El daño oxidativo resultante se ha señalado como una de las posibles causas de la progresión y el deterioro de la enfermedad renal crónica. La utilización de antioxidantes tiene como objetivo reducir este estrés oxidativo y sus consecuencias asociadas.

Las dosis sugeridas de vitamina E en los alimentos para perros con ERC son de al menos 400 UI por kg de materia seca, mientras que en los alimentos para gatos la cantidad mínima de referencia es de 500 UI por kg de materia seca.

Para la vitamina C, en ambas especies se recomiendan dosis de al menos 100 mg por kg de materia seca del alimento.

La vitamina D también es una de las vitaminas que se debe considerar especialmente al elaborar un plan nutricional "renal". Esto se debe al riesgo que corren los pacientes con ERC de desarrollar un hiperparatiroidismo secundario. Dicho síndrome clínico se caracteriza por un aumento en la secreción de paratormona, estimulada por la hipocalcemia y la disminución de las concentraciones plasmáticas de calcitriol.

Dado que la producción de calcitriol está regulada por una enzima producida en el riñón, la pérdida progresiva de la funcionalidad de la masa renal, típica de la ERC, conduce a largo plazo a una deficiencia de calcitriol, lo que, junto con la hiperfosfatemia, induce un aumento constante de la síntesis y liberación de paratormona y, por ende, eleva el riesgo de desarrollar hiperparatiroidismo secundario.

Sin embargo, antes de considerar una terapia con calcitriol para limitar el hiperparatiroidismo, es importante controlar los valores sanguíneos de calcio, fósforo y vitamina D, a fin de evitar el riesgo de hipercalcemia y la mineralización de tejidos blandos, especialmente cuando se utilizan quelantes de fósforo a base de calcio. La terapia, de ser necesaria, debe iniciarse únicamente cuando los niveles plasmáticos de fósforo estén controlados, y consiste en la administración de calcitriol en momentos alejados de las comidas.

Finalmente, aunque los estudios actuales aún son limitados, se debería considerar la posibilidad de complementar la dieta con una dosis superior de vitaminas del grupo B en comparación con la cantidad normalmente utilizada en las dietas para animales sanos, ya que al ser estas vitaminas hidrosolubles y excretadas por la orina, la poliuria asociada a la ERC puede predisponer al organismo a una deficiencia de las mismas.

FACTORES NUTRICIONALES CLAVE EN LA ERC (VALORES INDICADOS EN MATERIA SECA)
NUTRIENTE
PERRO
GATO

PROTEÍ;NAS
14-20%
28-35%

FÓSFORO
0,2-0,5%
0,3-0,6%

SODIO
<0,3%
<0,4%

CLORO
1,5x(cantidad de sodio)
1,5x(cantidad de sodio)

POTASIO
0,4-0,8%
0,7-1,2%

OMEGA 3
0,4-2,5%
0,4-2,5%

Relación OMEGA6/OMEGA 3
Entre 7:1 y 1:1
Entre 7:1 y 1:1

VITAMINA E
>o= 400 U.I/kg de S.S.
>o= 500 U.I/kg de S.S.

VITAMINA C
>o= 100 mg/kg de S.S.
100-200 mg/kg de S.S.



BIBLIOGRAFÍA
Delaney SJ & Fascetti AJ. Applied Veterinary Clinical Nutrition. (ed. Fascetti AJ and Delaney SJ.) 2012, capítulo 15.
Janet Alexander, Jonathan Stockman and Co. Effects of the long-term feeding of diets enriched with inorganic phosphorus on the adult feline kidney and phosphorus metabolism. British Journal of Nutrition (2019), 121, 249–269.
Medicina felina: cosa è cambiato e cosa sta cambiando – DOSSIER N. 8. Summa Animali da Compagnia N° 9, noviembre 2015.
MS Hand, CD Thatcher, RL Remillard, P Roudebush & BJ Novotny. Small Animal Clinical Nutrition, 5ª edición, 2010, capítulo 37.
Pibot P, Biourge V, Elliott D. Enciclopedia della nutrizione clinica del gatto, 2008.


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