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Nutrientes, Patologías, Terapia de dieta

El enfoque correcto a las reacciones adversas a los alimentos.


miércoles 19 febrero 2025


El enfoque correcto a las reacciones adversas a los alimentos

Las reacciones adversas a los alimentos (RAC) comprenden todos los estados patológicos causados por la ingestión de un alimento o de otra sustancia, como medicamentos o complementos, que normalmente son tolerados por la mayoría de la población de esa especie.

Existen diversos métodos para clasificar las RAC, pero la clasificación más utilizada es aquella que divide las reacciones adversas a los alimentos en reacciones inmunomediadas (alergias alimentarias) y no inmunomediadas (intolerancias alimentarias).

Las primeras se deben a una reacción anómala del sistema inmunológico intestinal hacia sustancias que normalmente no deberían ser reconocidas por el organismo como antígenos y son dosis-independientes. En estos casos, las proteínas alimentarias actúan como antígenos y desencadenan la respuesta del sistema inmunológico. Tras un primer contacto con el alérgeno, el organismo comienza a sintetizar inmunoglobulinas que provocan reacciones adversas a la ingestión de dicha sustancia.

Estas pueden subdividirse en reacciones mediadas por IgE (hipersensibilidad de primer tipo) o en reacciones no mediadas por IgE (hipersensibilidad de tipo II, III o IV). En la primera categoría se incluyen la mayoría de las alergias alimentarias en perros y gatos, y la sintomatología puede aparecer inmediatamente después de la ingestión del alimento o de forma retardada (desde unas pocas horas hasta algunos días) debido a la liberación de citocinas por parte de los mastocitos activados por las inmunoglobulinas E.

En cuanto a las reacciones no mediadas por IgE, actualmente aún se dispone de escasa información, pero parece que, en perros y gatos, se deben principalmente a hipersensibilidades mediadas por células o debidas a inmunocomplejos. Estas se caracterizan por una respuesta retardada que puede aparecer desde algunas horas hasta varios días tras el contacto con el antígeno.

Las intolerancias alimentarias, en cambio, no se deben a una respuesta inmunitaria y pueden ser desencadenadas por diversos tipos de sustancias o por ingredientes que no contienen proteínas, como aditivos, complementos o medicamentos.

Estas pueden subdividirse en cuatro subcategorías:
Reacciones idiopáticas: debidas a un mecanismo aún desconocido que simula una reacción alérgica sin involucrar al sistema inmunitario.
Reacciones enzimáticas: causadas por un defecto enzimático del tracto gastrointestinal. En este caso, los síntomas se localizan generalmente en dicho tracto y dependen de la dosis ingerida por el animal. El ejemplo típico es la intolerancia a la lactosa, debida a la escasa cantidad de lactasa presente en el intestino.
Reacciones farmacológicas: inducidas por sustancias farmacológicas presentes en los alimentos, como, por ejemplo, las aminas vasoactivas.
Intoxicaciones alimentarias: debidas a toxinas presentes en el alimento, generalmente de origen bacteriano o fúngico.

Las reacciones adversas a los alimentos pueden manifestarse con síntomas dermatológicos y/o gastrointestinales. Los primeros incluyen picazón no estacional, localizada o generalizada, que en algunos sujetos se asocia con otitis externa, alopecia por autotraumatismo, pododermatitis (en el perro) o placas eosinofílicas (en el gato).

La diarrea es, en cambio, el síntoma gastrointestinal más común de una reacción adversa a los alimentos, aunque algunos sujetos pueden presentar también vómitos, flatulencias y dolores abdominales.

La hipótesis diagnóstica de una reacción adversa a los alimentos debe formularse tras descartar otras patologías que puedan causar una sintomatología similar, como la presencia de parásitos o infecciones bacterianas; sin embargo, para confirmarla el animal debe someterse a lo que se denomina una dieta de eliminación durante un período suficientemente prolongado que permita la desaparición de los síntomas.

Este período suele ser de aproximadamente 8 semanas en casos de problemas dermatológicos, mientras que en casos de síntomas gastrointestinales a menudo es suficiente un período de 3 o 4 semanas para observar una respuesta adecuada.

La dieta de eliminación implica que el animal consuma alimentos que no ha ingerido anteriormente.

En este punto, el veterinario, antes de decidir qué dieta establecer para el paciente, debe realizar algunas evaluaciones y consideraciones para que la dieta de eliminación pueda utilizarse efectivamente para llegar a un diagnóstico.

En primer lugar, debe recopilar una anamnesis nutricional detallada de todos los alimentos que el animal ha consumido en el pasado y revisar detenidamente sus etiquetas para conocer a fondo los ingredientes que contienen.

También debe informarse sobre los snacks que se han administrado y sobre posibles alimentos caseros que los propietarios hayan ofrecido al animal.

Antes de elegir la eventual fuente de proteínas y de carbohidratos a utilizar, se deben tener en cuenta las posibles reactividades cruzadas entre los diferentes alimentos.

Por ejemplo, si el animal ha consumido previamente pollo, se debería evitar utilizar otras aves o huevos, ya que pueden contener la albúmina sérica aviar, una proteína que puede inducir una reacción adversa. Lo mismo se debe considerar respecto a la albúmina sérica bovina, presente en la mayoría de los rumiantes y en sus derivados, como la mayoría de los lácteos, y a la parvalbúmina, presente en la mayoría de los peces.

Lo ideal sería elegir una fuente de proteína filogenéticamente lo más distante posible de aquellas utilizadas en el pasado.

La misma consideración aplica a los carbohidratos: es importante realizar una anamnesis nutricional minuciosa, ya que incluso las fuentes de carbohidratos contienen proteínas que pueden actuar como antígenos.

El veterinario también debería preguntarse si la reacción adversa pudiera deberse a un antígeno distinto de una proteína y si la causa podría ser la presencia en el alimento de otras sustancias, como aditivos, medicamentos o ácaros presentes en las harinas; en ese caso, evaluar si conviene utilizar un alimento comercial formulado para reacciones adversas a los alimentos o optar por una dieta casera de eliminación.

En el próximo artículo, abordaremos con mayor detalle los diferentes tipos de dieta de eliminación que el veterinario puede utilizar para llegar a un diagnóstico y para establecer una terapia dietética adecuada.

Finalmente, es importante destacar que un enfoque correcto a las reacciones adversas a los alimentos no consiste únicamente en realizar una dieta de eliminación, sino que, para llegar a un diagnóstico definitivo, se debe llevar a cabo lo que se denomina "prueba de provocación".

Esta consiste en reintroducir, de forma individual, todos los ingredientes que el animal ha consumido en el pasado, para identificar cuál de ellos es la causa de la reacción adversa y eliminarlo de las futuras dietas.

Desafortunadamente, en la práctica clínica esta prueba es de difícil aplicación, tanto porque a menudo los propietarios no están dispuestos a realizarla, como porque, si el animal ha consumido varios alimentos comerciales en el pasado, puede resultar complicado identificar todos los ingredientes utilizados.

Además, cabe recordar que la utilización del mismo ingrediente, pero en forma de alimento casero, no siempre provoca la misma reacción adversa que cuando se encuentra en un alimento comercial, lo que puede hacer que esta prueba sea menos fiable.

Resulta más sencillo reintroducir en la dieta el último alimento consumido que provocó la aparición de los síntomas. En este caso, la reaparición de los síntomas permite realizar un diagnóstico certero de reacción adversa a los alimentos, aunque no identifica el alérgeno causante.

Otro error común, tanto entre los propietarios como, a veces, entre los veterinarios, es continuar a largo plazo con la dieta de eliminación sin comprobar si esta es completa y está correctamente balanceada. Un ejemplo típico es una dieta casera basada en una única fuente de carbohidrato y una de proteína, que posteriormente no se complementa adecuadamente con minerales y vitaminas.

Porque, si bien es cierto que la dieta, en el contexto de las reacciones adversas a los alimentos, no solo representa el "gold standard" para el diagnóstico, sino también la terapia a implementar tras confirmar la RAC, las dos dietas no deben ser idénticas; la dieta de eliminación, utilizada durante un período limitado, puede no ser completa, mientras que la dieta de mantenimiento debe serlo para evitar deficiencias nutricionales.

Los alimentos que se añadan a la dieta inicial para completarla deben incorporarse de uno en uno y de manera gradual, para controlar que no se produzca una reacción adversa a ninguno de ellos.

BIBLIOGRAFÍA:
- Delaney SJ & Fascetti AJ. Applied Veterinary Clinical Nutrition. (ed. Fascetti AJ and Fascetti SJ.) 2012, capítulo 11.
- Guidi Debora. Nutrizione e dietetica del cane e del gatto. Capítulo 4.
- MS Hand, CD Thatcher, RL Remillard, P Roudebush & BJ Novotny. Small Animal Clinical Nutrition, 5^ edición, 2010, capítulo 31.


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